25 may. 2015

"Oquedad"

“O” (oquedad) es un estudio visual y sonoro acerca del vacío por Rocío Lomelí. Es beneficiado por Programa de Estímulos a la Creación y al Desarrollo Artístico (PECDA) en su emisión 2014 Jalisco.


"El vacío ha pasado de ser una categoría externa a una interna; se desarrolla en la conciencia o en el corazón"            

                                                                  Hisamatsu


www.estudiovisualdelvacio.tumblr.com

www.vimeo.com/158116561












Oquedades

Decía el sabio chino Lao Tzu que Treinta ejes hacen la rueda, pero es su vacío lo que la hace útil. Es lo que no está ahí, el espacio entre los rines, lo que nos permite usar la bicicleta. Lo mismo, dice el sabio, pasa con los vasos: La arcilla hace al objeto pero es el hueco, el espacio en el que no hay arcilla, lo que nos permite ponerle agua y usarla como vaso.
Una puerta sirve porque hay un agujero en la pared.
Nosotros, atrapados en el vértigo veloz de nuestro tiempo, hemos construido una mirada utilitaria que centra nuestra atención en lo que es, en lo que tocamos. No solemos dedicarle tiempo a lo que no es, a lo que no está ahí, a pesar de que el vacío guarda la esencia y utilidad de cada cosa.
Como una casa, la obra que nos presenta Rocío Lomelí está enfocada en la funcionalidad de sus vacíos, de sus oquedades, pero (y ahí uno de los logros de la artista) no nos permite concentrarnos en los muros, en lo conocido, en lo sólido, sino que concentra nuestra atención y dirige nuestra mirada a las sutilezas de lo que hay detrás o más bien de lo que no hay.
El tiempo es acaso lo primero que se rompe con esta obra. Porque el reloj interno de sobrecafeinado vértigo con el que entramos a ver el trabajo, simple y llanamente no permite un acercamiento al mismo. Repele.
 Las manecillas descubren que los espacios vacíos se expanden, que el paso de un instante a otro se prolonga y el péndulo de la cotidianidad se alenta, generando en un inicio, la angustia de quien tiene siempre prisa de llegar de ningún lado a otra ninguna parte, como cada uno de nosotros.
Pero la obra se impone, su sutileza nos calma y entramos a esta otra medida, a una ausencia de tiempo en la que es posible colarnos entre las oquedades de la prisa, hacia un espacio que es posible gracias a la lente del artista.
Rocío nos comparte sus silencios, sus ausencias tan sutiles como el pétalo de un haiku en el que podemos detenernos y también desnudarnos de nosotros mismos para que al final, cuando ya no quede nada, quedemos solos frente a la obra.
 Zul De La Cueva

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